Claribel Mercier, de bautista a cantante católica

Carmen Elena Villa

Nacida en Puerto Rico, hija de padre cubano y criada en República Dominicana, Claribel Mercier reconoce que “los católicos no existían para mi” e incluso que fue educada “para rechazarlos”. Ella fue bautizada en la iglesia Bautista y aunque estudió en colegio católico (porque en su país esa era la única opción de recibir una educación privada) siempre fue exonerada de la clase de religión.

Cuando estaba en la universidad estudiando Mercadotecnia unos amigos la invitaron a un retiro. “Yo no sabía qué era, pero como todos fueron, yo también decidí ir”, confesó la cantante en diálogo con El Pueblo Católico. Lo que no sabía era que allí tendría un encuentro personal con Jesús que la haría cambiar de vida.

“Vi que los católicos ya no eran malos y salí con la decisión de querer ser católica”. Sin embargo, como ella misma admite “no todo fue un romance”. En su camino al catolicismo enfrentó retos muy difíciles. “Mi educación y crecimiento fue bautista porque más que una religión es una educación la que uno recibe”, confiesa. “Para mí fue un choque doctrinal muy grande. Sufrí muchísimo la primera vez que tomé un retiro de apologética (o defensa de la fe). Había cosas que yo creía y que estaban muy arraigadas a mí. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que nuestra Iglesia es muy rica.”.

Después Claribel fue a una adoración al Santísimo. Le asignaron un turno y le pidieron que no lo dejara solo. Ella preguntó: “¿qué es lo que no puedo dejar solo?” pues no terminaba de entender que en la hostia estaba Cristo realmente presente. Y fue allí donde tuvo un encuentro personal con Él. También tuvo un encuentro con la Virgen, la cual en la iglesia Bautista se mencionaba “nada más que para criticar”. En un viaje a Tierra Santa llevó un casete de canciones marianas que escuchaba durante los recorridos en bus de un lugar a otro. Luego vio que todos los peregrinos que rezaron la Salve y ella asegura que “sentí a alguien parado al lado mío”. Después encontró en una tienda de souvenirs la oración de la Salve en pergamino e inmediatamente lo compró. “Vine de Israel con la Virgen. Llegué con María a través de Jesús y salí con ella enganchada”.

Su camino hacia el catolicismo hizo además que despertara en Claribel ese talento musical que había cultivado desde pequeña y el cual dejó a la edad de 14 años en un momento de rebeldía adolescente que pasó debido al divorcio de sus padres.

Después del retiro que cambió su vida ella entró a formar parte de una pequeña comunidad católica de perseverancia. En un momento se necesitó alguien que tocara la guitarra. Ella les dijo que tocaba piano y con esta base, una amiga le enseñó los tonos de guitarra y así Claribel volvió al mundo de la música. Esta vez para anunciar a Jesús con la composición en interpretación de canciones católicas.

Hoy Claribel pertenece a la comunidad Siervos de Cristo Vivo, vive hace 34 años y en Miami – también ha vivido en Colorado donde estuvo recientemente dictando un taller para ministros de la música – y dedica su vida a anunciar a Cristo por medio del canto y la composición.  “Ya no es solo tocar la guitarrita con un grupo pequeño sino un ministerio de música, de formación a otros músicos y eso me encanta” y dijo también que para ella cantar en el coro durante la misa “es lo máximo pues me ayuda a estar más de cerca con la grandeza de lo que sucede en el altar”.

Así, con la composición, el canto, la prédica y la enseñanza musical Claribel busca que “la gente conozca su fe, que la disfrute.  Aquí hay una riqueza muy particular que es diferente, el Santísimo es el Pan de Vida, es un Dios que se ha querido quedar con nosotros para alimentarnos. ¡Es tan sencillo ser católico! ¡Es tan sencillo digerir y amar nuestra doctrina! Lo demás son adornos. Si quieres sentir a Jesús, pídelo y así será”.

 

Próximamente: Desafíos de la familia hispana católica en EE.UU.

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

 

En busca del llamado “sueño americano”, las familias hispanas dejan su país de origen con la esperanza de encontrar una mejor vida. Sin embargo, en muchas ocasiones la realidad con la que se encuentran es otra y en ocasiones les impide cumplir su misión tanto familiar como personal. Es importante saber identificar estos retos para así poder superarlos.

 

Choque cultural

Al llegar a los Estados Unidos, la mayoría de las familias que emigran se encuentran con un choque de cultura que los limita en varios aspectos de su vida. Desde un idioma diferente hasta problemas legales de inmigración, estos factores de estrés pueden provocar que las familias pierdan de vista la fe y su verdadera misión.

“El choque cultural es el estrés de aculturación que se crea en la familia. Muchas veces es lo que divide la familia más que los problemas económicos y todo lo demás”.  – Dra. Yolanda Barrera, Psicóloga Clínica, especializada en familia y cultura latina.

IDIOMA

Gracias a la educación que reciben, los hijos de inmigrantes aprenden inglés más rápido que sus padres, sin embargo, muchas veces esto puede provocar que poco a poco dejen de emplear su lengua materna. Asimismo, la falta del inglés en los padres limita su participación en la vida escolar y social de los hijos, algo que con frecuencia afecta en el comportamiento de los hijos.

CONFLICTOS INTERGENERACIONALES

La “americanización” de los hijos crea serios conflictos, que están relacionados tanto con el idioma como con los niveles de adaptación entre padres e hijos.

“Los niños, con su deseo de pertenencia, se ‘americanizan’ rapidísimo. Todo esto genera mucho estrés en la familia” – Dra. Barrera.

Debido a estas diferencias, los conflictos familiares son cada vez más comunes, y se manifiestan cuando los hijos alcanzan la adolescencia y comienzan a estar más involucrados en actividades en la sociedad y poco apegados a los valores culturales y las tradiciones hispanas de sus padres.

ADAPTACIÓN Y EL PAPEL DE LOS PADRES

Los hispanos tienden a ser conservadores y tradicionales en su estilo de vida y en su cultura. Las costumbres del hombre latino los separan claramente de los hombres anglos, al igual que la mujer latina a la mujer anglo.

“Estamos hablando de la adaptación que tiene la familia al cambio de una cultura tradicional, jerárquica y con roles definidos”, indica la Dra. Barrera.

Al enfrentarse a una realidad distinta en un nuevo país, muchas familias se ven de alguna manera forzadas a redefinir sus roles en el hogar. Estos cambios afectan a todos ya que adquieren nuevos roles, con más carga de trabajo, pero para las mujeres con mayor poder en la toma de decisiones y en ocasiones en representación del marido ausente.

Aunque existen familias hispanas que se adaptan completamente a la cultura anglosajona, también hay otras que son muy tradicionales con respecto a su cultura y luchan diariamente para lograr adaptarse a un país que sienten ajeno.

INMIGRACIÓN Y RACISMO

El miedo a la deportación continúa siendo un gran desafío para muchas familias. Esto puede influir en un aislamiento familiar y la capacidad de involucrarse con otras culturas. El miedo a la deportación también tiene un impacto en la toma de decisiones relacionadas con la escuela, el lugar de residencia, el apoyo en los servicios médicos, las oportunidades de empleo e incluso su pérdida de fe.

Asimismo, las familias hispanas también tienen que enfrentarse diariamente a la creciente hostilidad en contra de ellos. Frecuentemente escuchamos sobre experiencias personales de racismo y la discriminación que sufren los hispanos en EE. UU.

 

Falta de comunicación

Una comunicación fluida y positiva es una de las claves para mantener a nuestra familia unida, algo que puede convertirse en un desafío para muchos. Existen varias razones que pueden provocar la falta de comunicación.

TECNOLOGÍA

Actualmente la tecnología trae consigo muchos beneficios, pero también puede generar dificultades en las relaciones familiares. A pesar de que tenemos todos los aparatos posibles para conectarnos, ahora muchos se sienten más alejados de sus seres queridos.

De igual manera, la tecnología influye en la manera que las nuevas generaciones ven la sexualidad. Es muy común que jóvenes y adultos utilicen este medio para obtener información respecto a la sexualidad. Sin embargo, al hacerlo, se pueden encontrar con diferentes tipos de información, incluyendo datos no concretos que provocan confusión. Peor aún, se pueden ver envueltos en un problema de adicción a la pornografía, que comúnmente causa conflictos conyugales o afecta el rendimiento de los hijos en muchas áreas.

TIEMPO

No es raro que muchos hispanos tengan que mantener dos empleos para poder sostener económicamente a la familia dentro y fuera de Estados Unidos, o que ambos padres tengan que salir a trabajar. Asimismo, muchos padres también encuentran una forma de “escape” de las responsabilidades familiares en el trabajo y deciden no pasar mucho tiempo en casa. Para otros, la prioridad no es la familia, sino los bienes materiales, lo que los lleva a descuidar a su familia.

Esto provoca no solo la falta de supervisión, si no de participación en la vida escolar y personal de nuestros hijos. Es así como los jóvenes comienzan a pasar demasiado tiempo en la calle con el riesgo de meterse en problemas como pandillas, drogas y crímenes.

 

Mantener la fe

Los problemas ya mencionados contribuyen a que la fe no se pueda trasmitir a la próxima generación, creando una división aún más grande en las familias. Sin embargo, la influencia de la cultura presente y la educación que reciben los hijos muchas veces hacen que su modo de ver el mundo cambie drásticamente, dejando afuera a Dios.

 CULTURA SECULARISTA

La cultura predominante que rodea a la familia en este país es una cultura que se ha olvidado de Dios. Incluso muchos de los que se llaman creyentes viven como si Dios no existiera. Y cuando no se cree en Dios, algo más toma su lugar. Hoy, el “yo” es lo que toma el lugar de Dios, dando lugar al individualismo y al materialismo. Así se comienza a vivir la vida como si el mundo girara alrededor de uno mismo.

RELATIVISMO MORAL

El relativismo moral es la creencia de que no hay verdad absoluta, sino solo verdades personales. Por eso con frecuencia se escucha a personas decir: “Cada uno puede creer lo que quiere”. Esto se extiende a los valores y creencias morales e intenta deshacerse del lenguaje “bueno” y “malo” o menospreciarlo como algo fantasioso. Así surgen creencias populares que chocan con la fe, como la ideología de género y el aborto. Cuando las nuevas generaciones se encuentran con estas creencias que chocan con su fe, con frecuencia las aceptan, porque no encuentran respuestas adecuadas por parte de sus padres u otras personas de fe.

FALTA DE FORMACIÓN

Cuando uno no conoce o entiende bien su fe, la pierde fácilmente. Muchas personas dicen que no encuentran una respuesta en la fe, sin embargo, tampoco se toman el tiempo para aprender bien por qué creen lo que creen como católicos. Este empobrecimiento en la fe muchas veces impide que los hijos sean también creyentes.

DISTRACCIÓN Y CONFUSIÓN

Es común dejar las cosas siempre para después y no dar el lugar adecuado a Dios en nuestra vida.  Los padres no se toman el tiempo para orar o pasar tiempo con los hijos por el trabajo u otras responsabilidades. Viven distraídos. Además, muchas veces no son coherentes con lo que creen, dando un mal ejemplo a los hijos: creen una cosa y hacen otra.

“¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar

 

Consecuencias

Estos desafíos pueden tener como resultado un sin fi n de consecuencias que afectan a la familia entera, tanto físicas como emocionales, incluyendo la incomprensión entre padres e hijos, la desintegración familiar, adicciones y problemas de salud mental, entre otros.

Asimismo, emigrar a un nuevo país se ha convertido para millones de personas en un proceso asociado con enfermedades y niveles de estrés intensos. Estos altos niveles de estrés debido al constante sentimiento de fracaso, sensación de soledad, aislamiento social o miedo a ser deportado, a menudo provocan síntomas físicos que van desde fatiga, hasta enfermedades mentales o adicciones.

No obstante, debemos de recordar que siempre hay una luz al final del túnel. Es a través de la fe que las personas pueden alcanzar la paz y alegría. Si no recurrimos a Dios como fuente de sanación y restauración, todos nuestros intentos serán fallidos. Dios es la verdadera clave para mantener a las personas y familias saludables.

¡La manera más eficaz para seguir inculcando los valores familiares a nuestras nuevas generaciones es predicar con el ejemplo! Los hijos deben ser testigos de cómo sus padres aman y temen a Dios, deben presenciar el respeto y la comunicación efectiva”. –  Lissa Jiménez, Terapeuta matrimonial y familiar