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Image by Simon Berger

Perspective

¡Bien, siervo bueno y fiel!: monseñor Ken Leone recibe cristiana sepultura

  • Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
    André Escaleira, Jr.
  • 7 ago
  • 8 min de lectura

Miles de personas honraron y celebraron durante su vigilia y funeral al querido párroco, amigo fiel y santo sacerdote, especialmente por haber llevado tantas almas a “Jesús, que te ama”.


El arzobispo de Denver, James Golka, celebró la Misa fúnebre del 6 de agosto por monseñor Ken Leone en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver. (Foto de Dan Petty/El Pueblo Católico)
El arzobispo de Denver, James Golka, celebró la Misa fúnebre del 6 de agosto por monseñor Ken Leone en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver. (Foto de Dan Petty/El Pueblo Católico)

Era un hermoso y fresco día de verano en el centro de Denver cuando resonó un clásico himno católico: “Oh Dios, digno de toda alabanza, hoy te adoramos y cantamos amor maravilloso que ningún canto puede corresponder”.


Este himno, que suele reservarse para ocasiones festivas como ordenaciones y Misas especiales, abrió esta vez la liturgia exequial de monseñor Ken Leone, celebrada el 6 de agosto en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver. Monseñor Leone fue un querido párroco de la comunidad, un amigo fiel y un sacerdote santo.


El contraste era sorprendente, ¿por qué una congregación entonaría con tanta fuerza un canto de alabanza tan alegre en una ocasión tan solemne?


Hombre de oración

La respuesta se hizo evidente a medida que avanzaba la liturgia y la congregación escuchaba las lecturas de la Sagrada Escritura que monseñor Leone había elegido para su funeral.


“El padre Ken fue, ante todo, un hombre de profunda oración. Jesús lo era todo para él”, explicó el padre John Lager, O.F.M. Cap., durante la homilía exequial. “Incluso desde sus primeros años, sentía un profundo amor por Jesús en la Eucaristía. Todo estaba ligado a su intimidad con Jesús”.


Todo lo que hizo monseñor Leone durante sus casi 60 años de sacerdocio brotó de esa relación amorosa con la Trinidad, desde su liderazgo pastoral durante la tragedia de Columbine hasta el acompañamiento de sus feligreses en retiros y dirección espiritual, desde su predilección por la pastoral juvenil hasta su costumbre de repartir dulces a los niños después de Misa y visitar a las familias para celebrar Misa y cenar con ellas.


Sacerdote desde toda la eternidad

Nacido en Denver en 1941, monseñor Leone fue bautizado cuando tenía apenas un día de nacido en la parroquia St. Catherine of Siena. Años más tarde, a los ocho años, llevaba a sus amigos de la infancia al confesionario de la iglesia y “escuchaba” sus confesiones. Aunque todavía faltarían muchos años para que pudiera darles la absolución, aquel futuro sacerdote ya estaba enamorado de Jesús y sentía una gran pasión por llevar a los demás hacia él.


Después de su ordenación, el 27 de mayo de 1967, monseñor Leone sirvió en varias parroquias, entre ellas Our Lady of Fatima, en Lakewood; Blessed Sacrament y Christ the King, en Denver; St. Thomas More, en Centennial; St. Frances Cabrini, en Littleton; Spirit of Christ, en Arvada; y Risen Christ, en Denver. También fue director espiritual en el seminario St. John Vianney de Denver.

De hecho, recordó Ken, el santo sacerdote era conocido por decirles a los seminaristas de St. John Vianney: “Si el Señor me diera 1,000 vidas, le pediría ser sacerdote en cada una de ellas”.

Fue muy apropiado, entonces, que una docena de sacerdotes llevaran el féretro del fallecido monseñor.


“El padre Ken fue un hombre de gran servicio sacerdotal”, dijo el padre John durante la homilía exequial. “Amaba su sacerdocio, estar al servicio de la Iglesia y del evangelio”.


(Fotos de John-Andrew O'Rourke)


Pueblo agradecido

Ante semejante legado, ¿de qué otra manera podría responder los fieles, diáconos, sacerdotes y obispos presentes sino dando gloria, honor y alabanza a Dios?


“¿Cómo podemos expresarte adecuadamente nuestro amor y gratitud, nuestro padre espiritual, por habernos dado el regalo más grande, Jesús?”, preguntó Dede Chism mientras ella y su esposo, Ken, leían una “carta de amor” a monseñor Leone durante la vigilia vespertina del 5 de agosto en la parroquia St. Frances Cabrini de Littleton, donde monseñor Leone había sido párroco.


Escribir y recibir “cartas de amor” era una práctica habitual en su ministerio. En ellas expresaba su cariño, gratitud y aprecio por las personas y por el Señor. El padre John recordó que monseñor Leone solía rezar con las cartas que recibía, las leía, lloraba con ellas y bendecía a quienes se las habían enviado.


“Tu amor por Jesús llamó nuestra atención y dirigió nuestra mirada hacia él”, continuó Dede. “Tu amor por nosotros nos ayudó a conocer el amor que él nos tiene. El Señor sabía desde toda la eternidad que te había creado para ser su santo sacerdote, un sacerdote de amor y alegría”.

Al concluir su “carta de amor” a monseñor Leone, Dede y Ken Chism añadieron palabras de profunda gratitud por el santo sacerdote.


“Padre Ken, tu vida fue una oración que nos incluía a cada uno de nosotros. Gracias por llamarnos tuyos, por acercarnos a tu corazón y guiarnos hacia Jesús. No seríamos quienes somos hoy sin ti”, continuó Dede, antes de concluir con una metáfora. “Tu vida, padre Ken, y tu último aliento fueron un ‘Amén’”.


“Todos somos más ricos gracias a su fidelidad a Jesús bajo la guía del Espíritu Santo, a su amor por el Padre y a su amor por la Madre Iglesia”, añadió el padre John durante la homilía exequial del 6 de agosto.


Miles de personas se reunieron para despedir y expresar su gratitud a monseñor Leone durante la vigilia del miércoles por la noche y la Misa exequial del jueves por la mañana. Al hacerlo, una cosa quedó clara, como dijo el padre Marty Lally al inicio de la vigilia: “Es una maravillosa oportunidad para celebrar cuán maravillosamente obra Dios en la vida de su pueblo”.


Pastor de Columbine

Apenas seis años después de haber comenzado su primer encargo como párroco en St. Frances Cabrini, en Littleton, su amor fue puesto a prueba cuando la cercana escuela preparatoria Columbine se convirtió en escenario del tiroteo escolar más mortífero ocurrido hasta ese momento. La comunidad estaba desconsolada y conmocionada, “sin embargo, él fue un ejemplo de Cristo cuando nadie podía encontrarle sentido a lo sucedido. Todos logramos superar aquel momento gracias a este gran líder y hombre de Dios”, dijo Lloyd Swint durante la vigilia.


“Se perdieron vidas trágicamente, pero como habías dedicado años a cimentar esta parroquia en Jesucristo, muchos encontraron una red de esperanza en lugar de desesperación, fe en lugar de miedo y la fortaleza para seguir adelante. Jesús estaba aquí y nos ama”, añadió Dede.


(Fotos de Dan Petty/El Pueblo Católico)


Corazón eucarístico

Conocido por su alegría, misericordia, compasión y amistad, monseñor Leone tenía una profunda devoción por la Eucaristía e hizo de la adoración eucarística una prioridad en cada una de sus parroquias. Incluso construyó la capilla de la parroquia Risen Christ, en Denver, de la cual brotaron milagros, explicó el padre John, “cuando las personas se encontraban con el don del Señor siempre presente, que las miraba con amor en medio de su tristeza más profunda, de su duelo, de su sufrimiento y dolor, y sí, también de sus abundantes alegrías”.


Monseñor Leone se esforzó constantemente por llevar a Jesús a las personas y a las personas hacia Jesús, invitando continuamente a sus feligreses a participar en retiros para encontrarse de una manera nueva con el Señor que los ama.


Al recordar las famosas palabras de san Agustín a los católicos recién bautizados acerca de la Eucaristía, “Sean lo que ven. Reciban lo que son. Conviértanse en lo que reciben”, el padre John destacó la profunda devoción eucarística de monseñor Leone.


“El padre Ken encarnó estas palabras tanto en la vida como en la muerte, con la presencia de Jesús junto a él, al lado de su cama, en su habitación, cuando dio su último aliento”, dijo durante la homilía exequial.


(Fotos de Dan Petty/El Pueblo Católico)


Padre compasivo

De esa fe eucarística brotaban una profunda alegría y una inmensa compasión, según compartieron muchos.


“No se limitaba a hablar de Jesús. Conocía a Jesús. Pasaba tiempo con él. Nuestro Señor lo transformó”, enfatizó el arzobispo de Denver, James Golka, al final de la Misa exequial. “Invito a todos a hacer lo mismo, pero especialmente a nuestros sacerdotes. ¿Qué sucede cuando pasas tiempo con el Señor y él te transforma? Una alegría increíble. Y doy gracias a Dios por esa alegría que él compartió con todos nosotros”.


Sin temor a entrar en las dificultades y el “desorden” de la condición humana para encontrarse con las personas y amarlas, monseñor Leone llevó constantemente a Jesús a los demás en un mundo herido.


“A la mayoría de nosotros nos tomaría años comprender plenamente que, así como tú entrabas en nuestro desorden, nos mirabas, hablabas con nosotros como si no hubiera otra persona en el mundo y nos amabas como a tus hijos preciosos, así es exactamente como Cristo nos ve, nos ama y nos atesora”, dijo Dede.


“Durante casi 60 años me he beneficiado de la sabiduría de Ken, de su aliento y del maravilloso ejemplo que me ha dado a mí y a todos nosotros de lo que significa ser sacerdote. ¿Acaso no hemos sido bendecidos por haber tenido a Ken en nuestras vidas?”, dijo el padre Marty, entre aplausos.


Para Max Buechler, quien durante un tiempo discernió una vocación sacerdotal en el seminario St. John Vianney y tuvo a monseñor Leone como director espiritual, el legado del santo sacerdote va más allá de los recuerdos y resuena ahora en su vocación matrimonial y en su familia.


“Me impresionaba la manera en que vivía su sacerdocio con tanta alegría y tanto amor, y cómo eso se reflejaba en cada encuentro que tenía. Recuerdo que, cuando salí del seminario, les decía a muchas personas: ‘Si al morir llego a ser siquiera la mitad del hombre que él cree que soy hoy, moriré siendo un santo’”, compartió, con la voz entrecortada por la emoción. “Así era como miraba y amaba a cada persona. Y ese estímulo para amar de la misma manera a cada persona que encuentro, sin importar cuál sea mi vocación, ese es el llamado. Y es un llamado que ahora me ha llevado a mi familia y a mi propia paternidad. Su apoyo hizo que dar esos pasos fuera mucho más fácil”.


Llamado a la entrega de sí mismo

Mientras la comunidad arquidiocesana lamenta la pérdida de una figura extraordinaria del servicio sacerdotal, Lloyd dijo que la mejor manera de seguir adelante y honrar la vida de monseñor Leone es imitarlo.


“Si cualquiera de nosotros tiene siquiera una fracción de las cualidades que vimos en Ken Leone, ahora es el momento y nuestro deber hacer lo mismo por los demás, hacer por otros lo que él hizo por nosotros, llevar a los demás a Cristo y llevar a Cristo a nuestro mundo desesperado”, dijo durante la vigilia, recordando la valentía y audacia de monseñor Leone y animando a los presentes a vivir de la misma manera. “Es nuestro deber ser el rostro de Cristo para los demás en un mundo que necesita desesperadamente más personas como Leone”.


Al recordar el amor de monseñor Leone por la “ley del don” de san Juan Pablo II, que enseña que el ser humano solo puede encontrarse a sí mismo mediante una entrega total y sincera de sí mismo a Dios y a los demás, el padre John no pudo sino dar gracias por el ministerio de monseñor Leone.


“Durante 85 años de vida y 59 años de sacerdocio, la vida del padre Ken fue una vida de recibir con gratitud, pero también de entregarlo todo generosamente”, dijo al concluir su homilía del 6 de agosto. “Mientras ahora lo encomendamos a los brazos amorosos de nuestro Salvador, estas Escrituras nos lo recuerdan una vez más: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; ya que has sido fiel en lo poco, voy a ponerte al frente de mucho. Entra en el gozo de tu señor’”.

 

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