Así viven los católicos en Pakistán

Entrevistamos al arzobispo Sebastian Francis Shaw OFM

Carmen Elena Villa

En la foto aparecen el arzobispo Sebastian Francis Shaw OFM junto con el obispo Jorge Rodríguez, Jahangir Piara, presidente de la organización Peace and Development de Denver, y su familia.

Como una “iglesia muy vibrante”. Así describió a la comunidad católica de Pakistán el arzobispo de Lahor monseñor Sebastian Francis Shaw OFM, quien estuvo recientemente de visita en Denver. El Pueblo Católico lo entrevistó.

Lahor es la segunda ciudad más grande de Pakistán.  Tiene 11 millones de habitantes. También es la diócesis más grande de este país con 570 mil católicos. En el año 2016 fue escenario de uno de los peores ataques yihadistas. Fue el domingo de Pascua con un atentado suicida ocurrido en el en el parque de Gulsan Iqbal que dejó 78 muertos y más de 300 heridos.

En Pakistán (un país de más de 190 millones de habitantes) el 96 por ciento de la población es musulmana y los católicos representan menos del uno por ciento. Ellos pertenecen por lo general a las clases más bajas, tienen pocas oportunidades de superarse y son blancos de persecuciones y amenazas. En Denver existe una pequeña comunidad católica pakistaní. Ellos recibieron con alegría a su arzobispo con quien tuvieron la oportunidad de tener una misa en urdu, (idioma oficial de este país) en la parroquia Saint Therese de Aurora y también un rosario bilingüe en el que estuvo presente el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez.

“Los cristianos son un poco más de 2 millones de personas en todo el país”, indicó el arzobispo. “Durante siglos han vivido juntos los cristianos, hinduistas, musulmanes y sijes”. Sin embargo, después del 11 de septiembre de 2001, “vinieron algunos problemas” debido a que “los cristianos en Pakistán son considerados aliados del gobierno de los Estados Unidos”.

Víctimas 

El Arzobispo destacó el caso de la ciudadana cristiana Asia Bibi quien fue condenada a pena de muerte por blasfemia en el 2009 por el hecho de haber bebido de una fuente de agua de una familia musulmana y, supuestamente, blasfemar contra Mahoma. Bibi fue absuelta recientemente. Ella tuvo que huir del país y radicarse en Canadá. “Asia Bibi es solo uno de esos casos, pero hay muchos más”, indicó el Prelado.

También se lamentó de la presencia de grupos talibanes y de Al-Qaeda que han llegado desde Afganistán y que “han atacado a las fuerzas militares, el ejército, la policía, las iglesias, incluso las escuelas y supermercado. (El pasado 8 de mayo) hubo un ataque en el Santuario Sufí en Lahore”. Este atentado dejó un saldo de diez muertos.

Monseñor Shaw destacó la historia de Akash Bashir, un joven de 20 años que murió en el año 2015 buscando evitar un ataque suicida con un chaleco bomba en la parroquia de San Juan, ubicada en el distrito de Youhannabad en Lahore. “El joven agarró a este hombre, lo abrazó, el atacante presionó el botón y muchas personas murieron (20). El dio su vida para evitar el ataque y salvó a todos los que estaban dentro de la iglesia que eran entre 1200 y 1300 personas”, comparte el Arzobispo.

Iglesia joven

Lo que más caracteriza a los cristianos en Pakistán es que ellos “se aman los unos a los otros” y que “oran por sus enemigos”, algo que sorprende mucho a los ciudadanos de otros credos, según cuenta el Prelado.

Dentro de la población cristiana los jóvenes representan un 65 por ciento. También hay muchos matrimonios jóvenes con 4 ó 5 hijos. “Es hermoso para la Iglesia tener siempre niños”, dice el Arzobispo.

En la arquidiócesis de Lahor hay 29 parroquias, algunas con misiones en poblaciones más alejadas. Actualmente hay 32 seminaristas diocesanos y 27 comunidades religiosas. Debido a la escasez de sacerdotes existen muchos laicos catequistas muy comprometidos con su fe.

Los católicos son pues una minoría vibrante, y aunque son considerados por los pakistaníes como ciudadanos de segunda categoría, ellos están convencidos de su fe y muchos incluso están dispuestos a dar la vida por ella.

Próximamente: ¿Cómo puedo perdonar a alguien que me ha hecho daño a mí o a un ser querido?

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Todos sufrimos, de vez en cuando, situaciones de injusticia, humillaciones, rechazos, ofensas, maltratos, abusos y agresiones, que nos provocan reacciones de resentimiento que llegan hasta el odio y deseos de venganza. A veces las sufrimos, pero a veces somos nosotros los que las infringimos. En ocasiones necesitamos perdonar y frecuentemente necesitamos ser perdonados.

El perdón nace de uno, de una decisión que toma uno, algo interno que uno elige. Pero perdonar no es automático y no es cuestión de solo querer hacerlo, muchas personas querrían perdonar pero no pueden hacerlo, como muchos también querrían ser ricos y no solo por desearlo ya lo lograron. Así el perdón: no basta con desearlo, hay que trabajar para ello. Primero que nada se deben cultivar virtudes en la vida como: el amor, la comprensión, la generosidad, la humildad, la misericordia, el abrirse a la gracia de Dios, por mencionar algunas. Por lo tanto, el poder perdonar es consecuencia no solo de un deseo sino de una vida virtuosa como lo requiere nuestra fe Católica.

Jesús nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete, que es decir prácticamente siempre:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22).

El perdón se ha convertido en nuestra sociedad en señal de debilidad y cobardía, pero la verdad es que sólo es capaz de perdonar quien tiene grandeza de corazón, y el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús; el perdón es esencial para cristianismo y para el verdadero amor. Es necesario perdonar a los demás, para poder ser completamente libre. Si no somos capaces de perdonar seguiremos viviendo aferrados al pasado; vamos arrastrando resentimientos que nos oprimen el corazón sin ser capaces de amar porque alguien nos engañó, sin ser capaces de confiar porque alguien nos traicionó, sin ser capaces de aceptar a los demás porque alguien nos rechazó; en definitiva, sin permitirnos crecer ni ser felices, sin tener paz en el corazón ni alegría en el espíritu, sin tener luz ni disfrutar de la vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. Superar las ofensas es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida.

Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento cristiano y además un gran alivio. Significa optar por la vida y ponerse en el camino de la salvación:

“Porque si ustedes  perdonan a los hombres sus ofensas, los perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre los perdonará a ustedes ofensas” (Mt 6:14-15).

 

Image by Daniel Reche from Pixabay