Arzobispo Aquila: “La alegría del amor” es relevante y oportuna

Hoy fue publicada la exhortación apostólica post sinodal Amoris Laetitia

archden

El Arzobispo Samuel J. Aquila de Denver ha dicho que la reciente carta del Papa Francisco acerca del matrimonio y la familia es “tanto relevante como importante para nuestro tiempo”, advirtiendo también que merece un estudio detallado y una reflexión cuidadosa.

Bajo el título Amoris Laetitia, o “La alegría del amor”, el documento de 256 páginas publicado el 8 de abril, es la conclusión de un proceso sinodal de dos años en el que se reunieron cientos de obispos junto con el Papa para discutir asuntos relacionados con el matrimonio y la familia. El documento es una “exhortación apostólica post-sinodal”.

El Papa Francisco ha dado a la Iglesia una profunda reflexión sobre el matrimonio cristiano, las complejidades de las relaciones humanas y las luchas que enfrentan las personas en la sociedad moderna”, comentó el Arzobispo Aquila.

El también señaló que “si bien muchos comentaristas y analistas darán a conocer sus interpretaciones en los medios de comunicación en los próximos días” el consejo del Santo Padre es leer cuidadosamente la exhortación. El Arzobispo Aquila dijo que planea compartir su pensar acerca del documento “después de una cuidadosa reflexión y consideración”.

La carta es “tanto relevante como importante para nuestro tiempo”, comentó el Arzobispo, agregando que se siente “agradecido por sus reflexiones [del Papa] sobre el amor en la familia”.

La declaración completa del Arzobispo Aquila aparece debajo:

 

La declaración del Arzobispo sobre “La alegría del amor”

Con Amoris Laetitia (“La alegría del amor”), el Papa Francisco ha dado a la Iglesia una profunda reflexión sobre el matrimonio cristiano, las complejidades de las relaciones humanas y las luchas que enfrentan las personas en la sociedad moderna. A lo largo de la exhortación, el Santo Padre nos llama varias veces a extender la misericordia a los que están en situaciones difíciles mientras que al mismo tiempo transmitimos a la gente la verdad sobre el matrimonio y la familia dada a nosotros por Jesucristo a través de las enseñanzas y la tradición de la Iglesia.

En la introducción de Amoris Laetitia, el Papa Francisco aconseja a todos leer cuidadosamente el documento dada la longitud y complejidad de sus pasajes en asuntos de gran importancia. Si bien muchos comentaristas y analistas darán a conocer sus interpretaciones en los medios de comunicación en los próximos días, el consejo del Santo Padre es importante. Yo también voy a seguir este consejo y compartiré mi pensar después de una cuidadosa reflexión y consideración.

El Papa San Juan Pablo II declaró durante su visita a Australia en 1986: “Así como va la familia, así va la nación y así va todo el mundo en el que vivimos”. Uno no tiene que esforzarse mucho para ver que las familias en todas partes están experimentando las consecuencias de la confusión de nuestra cultura sobre la sexualidad y las relaciones humanas. Por esta razón, las parroquias de la Arquidiócesis de Denver ofrecen apoyo a aquellas personas que están sufriendo a causa de la separación, del tener que criar a los hijos como padres solteros o de haber sido afectados por las ideas acerca de la sexualidad que prevalecen en la cultura.

La exhortación del Papa Francisco es tanto relevante como importante para este tiempo y estoy agradecido por sus reflexiones sobre el amor en la familia ya que invitan a todas las sociedades y culturas al don y a la verdad de la vida matrimonial.

Para leer el documento completo as click aquí

Próximamente: Dios nunca se cansa de hablarte

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash