Año Nuevo: No, ni el calzón rojo te traerá amor, ni el amarillo dinero

¿Eres de los que cree en este tipo de rituales te harán feliz durante el año nuevo que comienza?

Escritor Invitado

Por Luz Ivonne Ream | Aleteia. 

Tal vez, tu gran disyuntiva para comenzar el año nuevo sea la de usar ropa interior roja o amarilla porque te urgen ambos: dinero y amor.

No lo digo en tono de burla. Lo digo con un tanto de tristeza. ¡Cuánta necesidad tienen algunos que caen en la superstición!

Y la cosa se pone peor si eres creyente porque estas poniendo tu confianza, tus anhelos y tus deseos en una cosa, ¡en la ropa interior!. Y dejas de lado la voluntad de Dios.

Siento bajarte de tu pedestal pero la vida no funciona así. Ni el calzón rojo atraerá el amor hacia ti, ni el amarillo te llenará de ningún tipo de abundancia.

¿Quieres de verdad atraer el amor, ese que sea para toda la vida? Entonces déjate de embustes y ponte a trabajar en ese proyecto personal.

Haz un parón en tu vida para que reflexiones en por qué el amor, ese que tú tanto deseas, no ha llegado todavía a tu vida. ¿No ha llegado o no has sabido reconocerle? ¿O quizá seas de los que creen tener “mala suerte” para el amor porque siempre te llegan el mismo tipo de personas?

Te invito a que reflexiones. ¿Será que de verdad invariablemente te llegan los mismos patanes o las mismas aventureras? ¿No será más bien que tú no has sabido elegir con inteligencia y escoges siempre lo mismo porque no sabes hacerlo diferente?

Siento mucho decirte que por muy vivo, profundo y precioso sea ese rojo carmín de tu ropa interior de año nuevo, si no haces cambios personales, si no trabajas en reconocer cuáles son esas heridas emocionales que debes de sanar y regeneras tu interior seguirás escogiendo al mismo tipo de personas, esas que quizá ni te suman ni les sumas.

Si no lo haces no tendrás la capacidad de reconocer al verdadero amor cuando pase junto a ti. Deja de elegir desde tus carencias y miedos porque al amor hay que reconocerlo desde nuestras potencias interiores, desde lo que sí somos y tenemos y no desde lo que nos falta.

Y de la abundancia… ¡qué te digo!… Ya “Alguien” vino a decir de sí mismo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. ¿De verdad quieres abundancia en tu vida, de esa que no se compra con dinero y es eterna? Ya conoces el único camino.

Artículo publicado originalmente en Aleteia.

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Es realmente una maravilla que tengamos el don de la Biblia, a través del cual Dios nos habla, nos convence, nos sana y nos nutre en nuestro viaje. En reconocimiento de la importancia de las Escrituras, el 26 de enero la Iglesia celebrará el primer “Domingo de la Palabra de Dios”.

La Palabra de Dios es esencial para nuestra identidad como cristianos. Nos da fuerza, sanación y nutrición. El Catecismo habla de las Escrituras como el lugar donde “la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza, porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios” (CIC, 104). Es fácil perder de vista lo bendecidos que somos de tener este poderoso regalo, este alimento espiritual.

¿Cuántos de nosotros podemos decir que en el último día o semana hemos leído estas palabras santas y transformadoras que Dios nos ha dirigido? ¿Amamos la Palabra de Dios y permitimos que se escriba en nuestra mente y corazón al leerla en oración y con frecuencia? ¿es la Palabra de Dios parte del tejido de nuestras vidas?

El gran predicador san Juan Crisóstomo dio una homilía sobre Mateo 2 en la que preguntó a las personas reunidas en la iglesia: ¿Quién puede repetir un salmo o cualquier otra porción de las Escrituras?

Miró a su alrededor y observó que “no había ni una” sola persona que pudiera responder. El argumento que escuchó con mayor frecuencia fue: “No soy … un monje, sino que tengo esposa e hijos, y el cuidado de mi hogar”.

San Juan Crisóstomo respondió que creer que leer la Biblia era solo para monjes es lo que los había llevado a la ruina, ya que aquellos que están en el mundo “reciben heridas diariamente” y tienen la mayor necesidad del medicamento de la Palabra de Dios. Como sabemos, los que tienen heridas y no las tratan, se infectan, y si no se tratan, pueden morir.

Consciente de la importancia vital de las Escrituras, el Papa Francisco anunció recientemente en su Carta Apostólica, Aperuit Illis, que el 26 de enero de 2020, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, será el primer día en que toda la Iglesia observe el “Domingo de la Palabra de Dios”. Este día, escribió, debe estar marcado por la “celebración, estudio y divulgación de la palabra de Dios” (Aperuit Illis, 3).

Sin embargo, el Papa advierte que un día dedicado a la Biblia “no debe verse como un evento anual sino más bien como un evento durante todo el año, ya que necesitamos crecer urgentemente en nuestro conocimiento y amor de las Escrituras y del Señor resucitado” (AI, 8), para que nuestros corazones se purifiquen por su verdad y nuestros ojos se abran a nuestros pecados.

Entre las prácticas que frecuentemente recomiendo a las personas para promover una vida de conversión continua están la participación regular en los sacramentos y la oración diaria con las Escrituras. Específicamente, te alentó a la práctica de la Lectio Divina, que implica meditar en las Escrituras al involucrar tus pensamientos, imaginación, emociones y deseos mientras lees. El objetivo de Lectio Divina es principalmente experimentar un encuentro íntimo con Jesucristo, el Padre y el Espíritu Santo. A través de este encuentro, todo nuestro ser se somete más estrechamente a Dios, recibiendo y creyendo cada vez más en el amor del Padre por nosotros de una manera personal y particular, aumentando así nuestro amor y conocimiento de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Esta experiencia de escuchar la voz de Dios y familiarizarse con sus movimientos dentro de nosotros, cambia la forma en que vemos el mundo que nos rodea. Pronto, nos volvemos mucho más atentos a su presencia en nuestras relaciones, en la creación y especialmente dentro de la Misa. “En este sentido, la lectura en oración de la Sagrada Escritura actúa como la puerta de entrada a un nuevo Edén, donde el hombre una vez más vive en la presencia consciente de su Hacedor y Salvador” (Sacraments Through Scripture: A Still Small Voice, p.4).

Sé que cuanto más leo y rezo con las Escrituras, y especialmente con los Evangelios, más se convierten en una palabra viva que penetra en mi corazón, de modo que me convenzo más del amor personal del Padre por mí.

Mientras lees esta columna, te animo a que pienses en cómo puedes usar el “Domingo de la Palabra de Dios” como una oportunidad para pedirle a Dios un amor más profundo por su Palabra y aumentar tu deseo de conocerlo a través de las Escrituras. San Jerónimo enseñaba que “la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo”. Cuando conocemos a Jesús a través de la Biblia, realmente somos transformados y experimentamos alegría, incluso en tiempos de prueba o sufrimiento. Que cada uno de nosotros experimente un renovado amor por la Biblia para que seamos verdaderos discípulos que lleven a Cristo a los confines de la tierra.

Imagen destacada de Josh Applegate | Unsplash