7 reglas para interactuar en internet según 2 Timoteo
- Escritor Invitado

- 23 jun
- 4 min de lectura

Por Allison Auth
Mientras rezaba una mañana la segunda carta de san Pablo a Timoteo, las palabras de ese capítulo parecieron saltar de la página y tocarme el corazón. Como alguien que escribe y lee en internet, siento cada vez con más fuerza la necesidad de tener sabiduría y discernimiento sobre lo que consumo y lo que digo.
El mundo digital es el nuevo Viejo Oeste: un lugar lleno de bots y troles, pero también una oportunidad para evangelizar. Tú y yo podríamos ser una de las pocas voces católicas que otras personas escuchan (o leen) en línea. Entonces, ¿qué estamos comunicando con nuestras palabras?
Cuando pienso en la Iglesia primitiva, recuerdo que no ganó conversos con comentarios sarcásticos ni provocando indignación. Los ganaron con su caridad, muchas veces incluso entregando su vida como mártires. Por eso, mientras reflexiono sobre qué escribir o qué decir, qué creer o qué cosas debería permitir que perturben mi paz, pienso que san Pablo tiene mucha sabiduría de la que todos podríamos beneficiarnos.
A continuación, presento siete reglas para interactuar en internet basadas en 2 Timoteo, junto con algunas preguntas para examinar nuestra conciencia.
Regla 1: Comprende las palabras en su contexto adecuado
“Esto has de enseñar. Y exige en presencia de Dios que se eviten las discusiones de palabras, que no sirven para nada, si no es para predicción de los que las oyen” (2 Tim 2, 14).
No discutas por cosas triviales. Antes bien, parte de la buena intención de los demás. No calumnies a alguien por unas cuantas cosas que hayas escuchado decir en internet. Explica las ideas, no ataques a las personas.
¿Analizo cada palabra que dice alguien, o incluso el papa?
¿Atribuyo de inmediato malas intenciones a las palabras de los demás?
¿Mis palabras son constantemente críticas?
¿Mis palabras edifican o destruyen?
Regla 2: No chismees
“Evita las palabrerías profanas, pues los que se dan a ellas crecerán cada vez más en impiedad, y su palabra irá cundiendo como gangrena” (2 Tim 2, 16-17).
Habla de manera que edifiques a los demás o los dirijas hacia Dios. Cuando sea necesaria una corrección, procura que no se convierta en “palabrería profana”.
¿Cuál es mi propósito al estar en internet?
¿Lo que leo o comparto tiene verdadero valor?
¿Estoy obsesionado con los “me gusta” y con la retroalimentación de los demás?
¿Lo que digo puede considerarse chisme?
Regla 3: Busca primero la justicia y la pureza de corazón
“Huye de las pasiones juveniles y corre al alcance de la justicia, de la fe, de la caridad y de la paz, en unión de los que invocan al Señor con corazón puro” (2 Tim 2, 22).
Lo que sale del corazón es lo que contamina.
¿Puedo mirar mi huella digital a lo largo de los años y ver mi crecimiento y madurez?
¿Mis palabras buscan edificar a los demás y glorificar a Dios?
¿Le pido a Dios que me dé un corazón limpio, capaz de resistir cualquier escrutinio?
Regla 4: Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada
“Evita las discusiones necias y estúpidas; sabes muy bien que te engendran altercados” (2 Tim 2, 23).
¿Busco cosas que me indignen para justificar mi propia autosuficiencia moral?
¿Mis palabras y acciones reflejan las convicciones de los primeros cristianos?
¿Los debates en los que participo afectan mi vida espiritual cotidiana?
Regla 5: Busca ganar almas para Cristo
“Y a un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido; que sepa corregir con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad” (2 Tim 2, 24-25).
La Iglesia existe para evangelizar (Evangelii Nuntiandi, 14). Las personas son conquistadas por el amor y la mansedumbre, no por las discusiones.
¿Prefiero la bondad a las peleas?
¿Soy capaz de corregir con mansedumbre?
¿Deseo ganar almas para Cristo o simplemente tener la razón?
Regla 6: No seas orgulloso ni arrogante, amante de ti mismo
“Los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, desolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios. Aparentarán tener piedad, pero en la práctica renegarán de su eficacia. Guardate también de ellos” (cf. 2 Tim 3, 2-5).
Al final de tu vida serás juzgado por cuánto amaste, no solo en internet, sino también en la vida real.
Si sustituyo mi nombre en esa lista, ¿me identifico con alguna de esas actitudes?
¿A quién adoro: a un dios hecho a mi imagen o al Dios a cuya imagen fui creado?
¿Disfruto derribar a otras personas con el pretexto de defender la religión?
Regla 7: Busca la verdad, sea conveniente o no
“Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo; reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír no verdades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tim 4, 2-4).
A veces la verdad duele, pero debemos permanecer fieles a las enseñanzas de la Iglesia. Conoce la verdad para reconocer la falsificación. Sé humilde y arrepiéntete de las veces en que te hayas dejado desviar.
¿Permito que puntos de vista diferentes desafíen mis ideas o vivo en una cámara de eco donde todos piensan igual que yo?
¿Mis creencias están en armonía con las enseñanzas de la Iglesia católica, el Catecismo y la Sagrada Escritura?
Quizá conocemos estas reglas y las seguimos. Quizá podamos pensar en cinco personas que deberían aplicarlas, pero no creemos que las necesitemos. Quizá las conocemos, pero las ignoramos, justificamos nuestro comportamiento y encontramos excusas. Quizá no participemos activamente en los comentarios en línea, pero somos consumidores pasivos de contenido.
Quizá, solo quizá, necesitamos pasar menos tiempo en internet.









