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Image by Simon Berger

Perspective

250 años de gracia: la historia que Dios sigue escribiendo

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • 30 jul
  • 13 min de lectura

Desde la expedición de Domínguez y Escalante hasta el arzobispo James Golka, Dios ha guiado fielmente a la Iglesia católica en Colorado a través de cada generación.


Al tomar posesión de la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver el 26 de marzo de 2026, el arzobispo James Golka reflexionó sobre la misión de Dios para la Arquidiócesis de Denver, siempre antigua, siempre nueva, e invitó a los fieles a vivirla hoy. (Foto de Dan Petty/El Pueblo Católico)
Al tomar posesión de la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver el 26 de marzo de 2026, el arzobispo James Golka reflexionó sobre la misión de Dios para la Arquidiócesis de Denver, siempre antigua, siempre nueva, e invitó a los fieles a vivirla hoy. (Foto de Dan Petty/El Pueblo Católico)

Por el padre Scott Bailey

Párroco

Risen Christ Parish, Denver


Mientras los padres fundadores de Estados Unidos firmaban la Declaración de Independencia en Filadelfia, dos frailes franciscanos en Santa Fe se preparaban para emprender un viaje hacia el norte, a un territorio desconocido que hoy conocemos como Colorado.


Conocida como la Expedición Domínguez-Escalante, la travesía buscaba descubrir una nueva ruta hacia California e identificar posibles lugares para futuras misiones. Aunque no establecieron comunidades en el estado, es muy probable que celebraran la Misa durante su paso por el oeste de Colorado. Gracias a la Expedición Domínguez-Escalante, este verano se cumplen 250 años de la llegada de nuestro Señor Eucarístico a Colorado.


Con motivo de este aniversario, este artículo recorre la historia de la fe católica en Colorado, con especial atención a la arquidiócesis de Denver. Se trata únicamente de un panorama general de la historia de nuestra Iglesia local, pero pretende ser una celebración de lo que Dios ha hecho entre nosotros.


Cuando la Expedición Domínguez-Escalante atravesó Colorado en 1776, estas tierras estaban escasamente pobladas por tribus indígenas y desde hacía mucho tiempo eran reclamadas por España. En las décadas siguientes, el territorio cambió de manos varias veces: primero perteneció por completo a Estados Unidos; después quedó dividido entre Estados Unidos y España; y finalmente, entre Estados Unidos y México. Cuando Estados Unidos ganó la guerra contra México en 1848, la región quedó repartida entre cuatro territorios estadounidenses: Nuevo México, Utah, Nebraska y Kansas. Durante esos años, ni España ni México ni Estados Unidos establecieron asentamientos permanentes en la zona. Haría falta una fiebre del oro para atraer nuevos habitantes y también a la Iglesia al territorio que más tarde se convertiría en Colorado.


Padre John Raverdy. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Padre John Raverdy. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

Fiebre del oro y los cimientos de la Iglesia en Colorado (1858-1889)

En 1858 se descubrió oro a lo largo del río South Platte (para ser exactos, cerca de donde hoy se encuentran W. Dartmouth Ave. y S. Santa Fe Dr.). La noticia se difundió rápidamente y, en un par de años, decenas de miles de buscadores de oro y mineros llegaron a la región. Cerca de allí surgieron los poblados de la ciudad de Denver y Auraria.

Como estos nuevos asentamientos estaban dentro de los límites de la Diócesis de Leavenworth, Kansas, el obispo decidió visitar esa parte en desarrollo de su vasta diócesis. En junio de 1860, el obispo J.B. Miège celebró la Misa en la ciudad de Denver, en una casa ubicada en la esquina sureste de las calles 15 y Market. Aquella fue la primera celebración de la Eucaristía en Colorado en 84 años.

Animados por la presencia del obispo y por el don de los sacramentos, los colonos católicos se organizaron para construir una iglesia. Gracias a la donación de un terreno, ubicado entre las calles 15, Stout, 16 y California, se colocaron los cimientos del templo.


Obispo Jean-Baptiste Lamy, de Santa Fe. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Obispo Jean-Baptiste Lamy, de Santa Fe. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)


Debido a la gran distancia que separaba la región de la sede de su diócesis, el obispo Miège estaba preocupado por su capacidad para atender las crecientes necesidades pastorales de la región. Se decidió entonces transferir el territorio que hoy conocemos como Colorado al cuidado del obispo de Santa Fe, Nuevo México.


El obispo Jean-Baptiste Lamy envió a los padres Joseph Machebeuf y John Raverdy para desarrollar las misiones católicas en la región. La noche de Navidad de 1860, el padre Machebeuf celebró la primera Misa en la nueva iglesia ubicada en las calles 15 y Stout, llamada St. Mary's. Hasta donde sabemos, desde entonces Colorado no ha pasado un solo día sin la presencia de la Eucaristía.


En los años siguientes se establecieron parroquias misioneras en pueblos mineros y nuevos asentamientos. El trabajo inicial de los padres Machebeuf y Raverdy se centró en fundar iglesias de misión en Central City, Georgetown, Trinidad, Golden y Buena Vista. Durante varios años, solo tres sacerdotes atendieron 17 misiones distribuidas por todo Colorado. Viajar hasta las poblaciones de montaña era arduo, pues aún no existían los ferrocarriles, pero aquellos sacerdotes estaban impulsados por un profundo celo misionero.


Obispo Joseph Projectus Machebeuf, primer obispo de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Obispo Joseph Projectus Machebeuf, primer obispo de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

En 1868, el padre Machebeuf fue ordenado obispo y, durante dos años, quedó al frente de la Iglesia tanto en Colorado como en Utah, hasta que este último territorio fue transferido a la Arquidiócesis de San Francisco. St. Mary's Parish, en Denver, adquirió entonces la dignidad de catedral, aunque pronto comenzó a resultar insuficiente para la creciente población.


Entre 1870 y 1872, la población de Denver se duplicó y el obispo Machebeuf ayudó a la Iglesia a responder a las necesidades de aquella ciudad en expansión. Fue obispo de Colorado durante 19 años. En ese tiempo, Colorado se convirtió en estado; se establecieron más de 30 parroquias; se abrieron 16 escuelas; se construyeron seis hospitales; las Hermanas de Loretto fundaron St. Mary's Academy; los jesuitas abrieron un colegio, hoy conocido como Regis University, y se adquirió un amplio terreno cerca de Golden que hoy alberga el cementerio Mount Olivet.


No se puede exagerar la importancia del obispo Machebeuf en la llegada del Señor y de su Iglesia a Colorado. Era un sacerdote francés que llegó a estas tierras como misionero, sin imaginar que un día serviría en un inmenso territorio en desarrollo, habitado por colonos estadounidenses, pueblos indígenas e hispanos.


El Espíritu Santo actuó por medio de él para responder a las necesidades pastorales de los fieles de su tiempo, al mismo tiempo que sentaba bases sólidas para el futuro de la Iglesia en Colorado. Ciento cincuenta años después, el Señor sigue obrando a través de muchas de las instituciones que él ayudó a fundar.


Aunque poseía grandes dotes como administrador y hombre de negocios, el obispo Machebeuf siempre tuvo como prioridad la salvación de las almas. En 1886 le preguntaron si alguna vez había soñado con construir una catedral más grande y hermosa. Él respondió:


“Una catedral es cuestión de dinero, piedra y argamasa, mientras que mi trabajo fue, y debía ser, una cuestión de almas”.


Catedral St. Mary's, la primera catedral de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Catedral St. Mary's, la primera catedral de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

Obispo Matz y la era de la infraestructura (1889-1917)

Cuando el obispo Nicholas Matz fue nombrado sucesor del obispo Machebeuf en 1889, Estados Unidos atravesaba un período de rápido desarrollo. Ese año cuatro estados ingresaron a la Unión; la electricidad comenzaba a transformar las grandes ciudades y los ferrocarriles ya atravesaban el país de costa a costa. El Viejo Oeste había sido explorado, poblado y desarrollado. Treinta años después de la fiebre del oro, Colorado empezaba a disfrutar de una nueva estabilidad.


Obispo Nicholas Matz, segundo obispo de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Obispo Nicholas Matz, segundo obispo de Denver. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

Cuando fue consagrado obispo, Nicholas Matz llevaba casi 20 años en Colorado. Había sido ordenado sacerdote por el obispo Machebeuf en 1874 y había servido en St. Mary's Cathedral y en Georgetown. Había visto crecer Colorado y, de su predecesor, había aprendido a responder a las necesidades pastorales del presente sin dejar de preparar el futuro.


Durante sus 28 años como obispo de Colorado, la población católica aumentó considerablemente, lo que hizo necesaria una mayor infraestructura institucional. Supervisó cerca de 50 nuevas parroquias y misiones, la creación del cementerio Mount Olivet en Wheat Ridge y la construcción de cinco hospitales. Como obispo constructor, su legado quedó plasmado especialmente en la edificación de una nueva catedral y en la fundación de un seminario.


Ya hacia 1880, los fieles de Denver comenzaban a rebasar la capacidad de St. Mary's Cathedral, por lo que se inició una campaña para recaudar fondos para construir una nueva catedral. Tomó 22 años reunir el dinero suficiente para comenzar la obra.


Gracias al apoyo de benefactores devotos y adinerados, como John K. Mullen, se adquirió un terreno en Colfax Avenue y, en 1902, se colocó la primera piedra. La construcción se prolongó durante varios años y enfrentó numerosas dificultades económicas.


La filántropa Molly Brown ayudó a mantener vivo el proyecto mediante su Carnival of Nations en 1906. Seis meses después de haber sobrevivido al hundimiento del Titanic en 1912, el obispo Matz celebró la primera Misa en la Catedral de la Inmaculada Concepción. Debido a su extraordinaria belleza, el papa san Juan Pablo II la elevó a la categoría de basílica menor en 1979.


En 1907 se construyó el primer edificio del seminario St. Thomas en un campus de 40 acres. Los seminaristas eran formados por los sacerdotes de la Congregación de la Misión (vicentinos). El primer ciclo escolar contó con 12 seminaristas, pero la institución crecería rápidamente. En pocas décadas, cientos de hombres pasaron por sus aulas. El seminario se convirtió en el principal centro de formación sacerdotal para candidatos de Colorado y de muchas otras diócesis del oeste y medio oeste de Estados Unidos.


Aunque cerró sus puertas en 1995, en 1999 abrió un nuevo seminario en el mismo lugar: el Seminario Teológico St. John Vianney.


Edificio original del seminario St. Thomas en Denver, fundado en 1907. El edificio permanece en pie dentro del campus del seminario St. John Vianney. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Edificio original del seminario St. Thomas en Denver, fundado en 1907. El edificio permanece en pie dentro del campus del seminario St. John Vianney. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

A comienzos del siglo XX, mientras la Iglesia en Colorado echaba raíces mediante sus edificios e instituciones, el Señor fortalecía el corazón de su pueblo. Durante ese período, Denver fue hogar de tres personas reconocidas por su extraordinaria santidad: santa Francisca Cabrini, la sierva de Dios Julia Greeley y el padre Leo Heinrichs.


La madre Francisca Javier Cabrini llevó religiosas a Denver para abrir una escuela en la parroquia de Our Lady of Mount Carmel, al norte de la ciudad, así como un orfanato. Las hermanas atendían principalmente a los hijos de inmigrantes italianos que trabajaban en las minas e incluso abrieron un campamento de verano en Golden para niñas huérfanas.


Santa Francisca Javier Cabrini llegaría a convertirse en la primera ciudadana estadounidense canonizada. Con el tiempo, aquel campamento se transformó en un santuario que hoy recibe a decenas de miles de peregrinos cada año.


La sierva de Dios Julia Greeley fue una antigua esclava que se convirtió al catolicismo en Denver en 1880. Trabajó como empleada doméstica y destinó discretamente sus ingresos a ayudar a familias blancas pobres. Tenía una profunda devoción a la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús.


Tras su muerte en 1918, fue sepultada en el cementerio Mount Olivet. Sus restos fueron trasladados a la catedral en 2016 para fomentar la devoción y promover su causa de canonización. Durante la ceremonia de traslado, el entonces obispo auxiliar de Denver, Jorge Rodríguez, comentó con alegría:


“La primera persona sepultada en la catedral de Denver no fue un obispo ni un sacerdote, sino una mujer laica, una antigua esclava”.


Padre Leo Heinrichs, martirizado mientras celebraba la Misa. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver Archives)
Padre Leo Heinrichs, martirizado mientras celebraba la Misa. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver Archives)

El padre Leo Heinrichs era párroco de la parroquia St. Elizabeth of Hungary, en Auraria. Mientras distribuía la sagrada comunión durante la Misa en 1908, un hombre se acercó y le disparó en el pecho.


Atento a la Eucaristía que había caído al suelo, el último acto del padre Leo fue recoger las hostias que se le habían caído y colocar el copón sobre un escalón frente al altar de la Santísima Virgen. Hasta el día de hoy es recordado por su devoción a la Eucaristía hasta su último aliento.


50 años de resiliencia y crecimiento (1917-1967)

A finales de 1917, Denver recibió a un nuevo obispo procedente de Lincoln, Nebraska: el obispo John Henry Tihen. En ese momento, Estados Unidos acababa de entrar en la Primera Guerra Mundial y, en Colorado, el Ku Klux Klan comenzaba a ganar fuerza.


Para la década de 1920, Colorado tenía la segunda mayor cantidad de miembros del Ku Klux Klan en todo el país. Además de sus posturas racistas, el Klan era profundamente anticatólico. Aunque recurría a la violencia y a las cruces incendiadas como formas de intimidación, en Colorado actuaba principalmente mediante boicots, amenazas por escrito e intervenciones políticas. Utilizaba su influencia para desacreditar a la Iglesia católica, provocar el fracaso de negocios propiedad de católicos, impedir la apertura de escuelas católicas y prohibir el uso de vino sacramental durante la Misa. Entre sus integrantes había figuras influyentes del gobierno, incluidos el alcalde de Denver y el gobernador de Colorado.


Padre Matthew Smith, fundador y primer editor del Denver Catholic Register, publicación que con el tiempo daría origen a este mismo periódico. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Padre Matthew Smith, fundador y primer editor del Denver Catholic Register, publicación que con el tiempo daría origen a este mismo periódico. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

Gracias, en gran medida, al Denver Catholic Register y a su fundador y primer editor, el padre Matthew Smith, quedaron al descubierto las mentiras y la maldad del Ku Klux Klan.

En sus artículos, el padre Smith ofrecía con frecuencia orientación sobre cómo afrontar una época tan difícil. Invitaba a los católicos a mantenerse vigilantes, a no ceder nunca a la tentación de la violencia y a decir siempre la verdad. Convencido de que la verdad siempre prevalece, escribió:

“Si difundimos la verdad entre nuestros amigos no católicos, tarde o temprano comprenderán que un movimiento como el Klan no tiene cabida en nuestras instituciones estadounidenses”.


Durante la década de 1920, la Diócesis de Denver experimentó un importante crecimiento en los ministerios dedicados a servir a las personas más necesitadas. En las parroquias se realizaban colectas para sostener orfanatos, hogares de ancianos y campamentos para niños y niñas.

Fue en ese contexto que, en 1927, el obispo Tihen fundó Caridades Católicas como una oficina central para coordinar los ministerios al servicio de los pobres. El momento no pudo haber sido más oportuno. En 1929, la bolsa de valores colapsó y comenzó la Gran Depresión. Los servicios de caridad ofrecidos por Caridades Católicas fueron fundamentales para ayudar a muchas personas a sobrevivir a esos años difíciles.


Cuando el obispo Urban Vehr llegó a Denver en 1931, hizo de su prioridad conocer a fondo a las personas y el territorio de su diócesis. Durante su primer año logró visitar todas las parroquias de Colorado. En la década siguiente recorrió cerca de 30,000 millas al año para familiarizarse con todos los aspectos de la diócesis. Abrió numerosas parroquias, misiones y escuelas, sentando las bases de lo que hoy es nuestra arquidiócesis.


En 1941, el santo padre elevó la diócesis de Denver al rango de arquidiócesis. Este reconocimiento reflejaba el crecimiento de la población del norte de Colorado y la creciente influencia de la Iglesia en la región.


Con este cambio se redefinieron los límites territoriales y se creó la Diócesis de Pueblo para atender la mitad sur del estado. Durante los siguientes 26 años, el arzobispo Vehr quedó al frente de una arquidiócesis con aproximadamente 87,000 católicos y asumió también la responsabilidad metropolitana sobre las diócesis vecinas de Pueblo y Cheyenne, Wyoming.


La arquidiócesis recibió a su primer obispo auxiliar en 1961: el obispo David Maloney. Nacido en Colorado y sacerdote de larga trayectoria en la arquidiócesis, tuvo el privilegio de participar como padre conciliar en el Concilio Vaticano II entre 1962 y 1965, en representación del arzobispo Vehr y de la Arquidiócesis de Denver.


El papa san Juan Pablo II observa desde la ventana del helicóptero a la enorme multitud de peregrinos reunidos para la Jornada Mundial de la Juventud de 1993 en Denver. (Foto tomada por el entonces arzobispo James Stafford, cortesía de los Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
El papa san Juan Pablo II observa desde la ventana del helicóptero a la enorme multitud de peregrinos reunidos para la Jornada Mundial de la Juventud de 1993 en Denver. (Foto tomada por el entonces arzobispo James Stafford, cortesía de los Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

Desafíos modernos y renovación (1967-presente)

En los años que siguieron al Concilio Vaticano II, toda la Iglesia buscaba la mejor manera de relacionarse con un mundo cada vez más secularizado. Dentro de la Iglesia, los católicos se adaptaban a los cambios litúrgicos de la Misa y reflexionaban sobre cuestiones teológicas relacionadas con el papel del clero y de los fieles laicos. Marcar el rumbo en medio de esos desafíos fue una tarea difícil para muchos obispos de la época. Fue en ese contexto que, en 1967, el obispo James Casey fue instalado como el segundo arzobispo de Denver.


Antes de llegar a Denver, el arzobispo Casey había estudiado y sido ordenado sacerdote en Roma, había servido como capellán durante la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico Sur y había desempeñado el ministerio episcopal como obispo de la Diócesis de Lincoln, Nebraska.

Aunque fue una figura impopular por el cierre de 25 escuelas católicas en la arquidiócesis y por ser uno de los obispos que más abiertamente se opusieron a la guerra de Vietnam, también dejó un importante legado: impulsó viviendas para personas de bajos ingresos a través de Caridades Catolicas, abrió numerosas parroquias y fundó la Escuela Bíblica Católica en 1982.


Durante su visita a Colorado con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, el papa san Juan Pablo II realizó una caminata en Camp St. Malo. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)
Durante su visita a Colorado con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, el papa san Juan Pablo II realizó una caminata en Camp St. Malo. (Foto: Archivos de la Arquidiócesis de Denver)

En 1983, el papa san Juan Pablo II creó la Diócesis de Colorado Springs, lo que volvió a redefinir los límites de la Arquidiócesis de Denver. Diez años después, san Juan Pablo II visitó Colorado con motivo de la primera Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Estados Unidos. Durante aquella histórica visita, sostuvo una reunión privada con el presidente Bill Clinton en la Universidad Regis, celebró la Misa en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción, caminó por Camp St. Malo, en Allenspark, y presidió el viacrucis en el estadio Mile High.

La Misa de clausura, celebrada en parque estatal de Cherry Creek, reunió a más de 700,000 personas procedentes de todo el mundo.


En el estadio Mile High, el papa san Juan Pablo II dijo:

“Jesús ha llamado a cada uno de ustedes a Denver por una razón”. Aunque se dirigía a los participantes de la Jornada Mundial de la Juventud de 1993, esas palabras también pueden aplicarse a todos los que hoy vivimos dentro de los límites de la Arquidiócesis de Denver. Hemos sido llamados a este lugar por una razón. Nuestros pastores de las últimas décadas han hecho suyo ese llamado misionero del Santo Padre mediante su predicación y con el testimonio de su vida:


El arzobispo (hoy cardenal) James Stafford vino de Maryland a Denver por una razón.

El arzobispo Charles Chaput vino de Kansas a Denver por una razón.

El arzobispo Sameul Aquila vino de California a Denver por una razón.

El arzobispo James Golka vino de Nebraska a Denver por una razón.


Cuando cada uno de ellos dijo por primera vez “sí” al Señor, no sabía lo que él haría a través de su ministerio. Pero el Señor sí lo sabía. Tenía un propósito claro: unir nuestros corazones al suyo. Y lo ha hecho gracias a la guía de nuestros obispos, la fidelidad de nuestros sacerdotes y religiosos, el celo de nuestros apostolados y la devoción del Pueblo de Dios.

Al contemplar la historia de la Iglesia en Colorado, podemos ver que cuando las personas cooperan con el plan de Dios, Dios realiza grandes obras. No necesitamos ser los más preparados, los más admirados o los más talentosos; solo necesitamos decirle «sí» y permitirle actuar a través de nosotros.

La historia de la Iglesia en Colorado no es simplemente un relato del pasado. Sigue escribiéndose hoy por quienes creen que Dios ha dado a cada uno un papel en su Reino. Jesús ha llamado a cada uno de nosotros a estar aquí por una razón.

 

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